París, la ciudad mágica

Según dicen, París es la ciudad del amor, un paseo por el Sena mientras atardece en otoño o un café en una esquina poco transitada. París es sin duda todo un símbolo para los más románticos o los más enamoradizos, pues por sus calles quién no esté ya enamorado, encontrará a alguien especial en el momento más inesperado. Al menos, ese es el mito.

 

El porqué del icono romántico que supone la Ciudad de la Luz quizá se debe al tenue alumbrado nocturno mientras se recorren las calles menos transitadas de Pigalle o la parpadeante Torre Eiffel que se asoma desde cada rincón de la ciudad a las horas punta. Lo cierto es que París tiene todo un halo de magia y misticismo para los amantes en general.

 

Artistas de todas las épocas han tomado París como musa inspiradora de grandes obras y deambular por Montmartre tanto de día esquivando pintores y dibujantes a cada paso, como de noche, disfrutando de un paseo con vistas excepcionales nos ofrece algunas de las respuestas al encanto parisino. Desde cada balcón se puede uno imaginar a un escritor intentando combatir su frustración frente a la hoja en blanco o al pintor absorto en la modelo frente a él. También es posible imaginar una música desde el gramófono, quizá Edith Piaf o Charles Aznavour nos transporten hasta una pequeña tienda de discos.

 

París es así, sólo es necesario dejarse llevar.

 

 

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